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  • María Oliver

La isla desierta del COVID-19

Actualizado: mar 31

¿Con quién te irías a una isla desierta? ¿Qué llevarías contigo? Todas nuestras mentes han recorrido el viaje secreto hacia este improbable escenario de aislamiento forzoso.

La irrupción del Coronavirus en nuestra Sociedad global nos ha hecho aterrizar en esta isla desierta sin necesidad de movernos, sin pedir permiso, sin preguntarnos: ¿Con quién te irías a una isla desierta? ¿Qué llevarías contigo? ¿Y si en vez de una isla desierta te ha tocado pasar este aislamiento en un piso patera?

Sin posibilidad de reaccionar, aquí estamos, aisladas con nuestras vidas congeladas, cómo, dónde y con quién nos ha pillado esta foto fija que durará semanas o meses. Por supuesto nuestras casas no son lujosas cabañas en islas paradisíacas, son espacios acotados, muchas veces reflejo exacto de nuestra propia precariedad.

Y es que claro, no elegiríamos el mismo espacio para salir pitando de él a las 8 de la mañana y volver a las 8 de la tarde, que para estar obligados a permanecer en él varias semanas. Lo mismo sería aplicable a las personas con quien compartimos estos espacios, aunque ese es otro tema.

Las redes en este contexto se convierten en esa ventana privilegiada que tienen todas las casas. Esta vez no es una ventana a los viajes que todos parecen hacer menos tú, esta vez es una ventana a otras casas. Caras y techos, caras y estanterías, caras y sábanas. Estos son nuestros hogares, esos donde ya nadie se visita y ahora están siendo escenario de fondo de un sinfín de videollamadas.

Podemos tener la tentación de que sobrevivimos al encierro gracias a estas ventanas virtuales que nos mantienen en contacto. Estas caritas sobre fondos dispares nos evitan la insoportable ansiedad de estar sanas y no poder hacer nada más contra la pandemia que no hacer nada. Podríamos pensar que el talón de Aquiles de nuestras sociedades frente a las pandemias son las telecomunicaciones. Pero no nos engañemos, lo que nos está salvando la vida, es la materialidad, es tener una casa, paredes, techo y un vecindario.

Llevamos décadas teorizando sobre la importancia de los cuidados, sobre el peso económico del atender a los más vulnerables, sobre que todas somos interdependientes. Lo material adquiere una relevancia absoluta, somo cuerpos interdependientes que habitan espacios. Arquitectura y vecindario.






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